Esta foto la publico mi amiga Ivy en Mercado Libre. Juro que es cierto.
sábado, 10 de mayo de 2008
domingo, 30 de diciembre de 2007
Marilú
Otra entrada acerca de personajes insólitos, macondescos, fellinescos, subnormales, inhallables, incunables e incogibles, entre otros.
Es el turno de una ex-compañera de trabajo: Marilú. Su verdadero nombre es María Luisa, pero optó por este apelativo mas "canchero". Marilú tiene 40 y tantos que se evidencian en las arrugas de su rostro, pero a juzgar por su apariencia podriamos decir que se trata de una adolescente: flaca, muy flaca (25 kg mojada), de apariencia aniñada, pelo muy largo, flequillito, brochecitos de nena... pero lo que es peor, es que su cara es el calco de Humberto Tortonese (con el perdón de este último).
Marilú vive en un suburbio de la provincia, en dónde convive con su padre, italiano jubilado de la misma repartición que se dedica a la cría de gallinas y otros animales de granja. A juzgar por sus comentarios, su padre aún cree que si hija no es mayor de edad (contado por ella, le apaga el televisor a las 22:00 hs, repitiendo la frase "a dormir", "a dormir"). No la deja ir a cumpleaños o a otras reuniones, y si alguien llama a la casa preguntando por Marilú, el le corta gritándole "acá no vive ninguna puta que se llame así!".
Tema aparte: vestimenta. Botas de cuero hasta arriba de la rodilla, tipo paquita de Xuxa, minis super cortitas pero que no eran sexys sino patéticas dejando ver esas piernitas de canario, de colores extraños (azul eléctrico, por ej.) y remeritas y camisitas de nena o vieja, pero nunca lindas. Los accesorios todos baratos y demodé, mucho plástico y enchapado dorado.
De más está decir que jamás la rozó un hombre. Una vez que su padre se descompuso, se enamoró del ambulanciero y como descubrió que trabaja en una remisería, desde entonces llama y corta, porque nunca viaja a ningún lado. Ni siquiera sabe su nombre y le aterra cruzar unas palabras con él.
Para completar un poco el perfil, vean este dato: saca vacaciones una semana antes y una después del 21 de junio, día mas corto del año, ya que le da miedo llegar a la casa de noche (como si el resto de los días o la misma luz del día la fuera a poner a salvo). El tren es su transporte por excelencia, y si hay paro, entonces prescindirán de su presencia.
Primero debemos dotar a este personaje de un entorno, el cual va a hacer que entiendan gran parte de lo que les cuento a continuación. Se trata ni más ni menos de una de las reparticiones públicas más importantes de este país: el Ministerio de Economía. Claro, ella no trabaja en una de las direcciones más importantes, como puede ser finanzas, hacienda, tesorería o contaduría. Como no podía ser de otra manera, se trata de la que menos glamour tiene: servicios generales (intendencia).
Su horario es de 10 a 17 hs. Eso sí, a las 10 desayuna tecito con Express en su taza plástica. 10:30 se dirige al toilette en donde se maquilla (ya que su padre no le permite salir de su casa maquillada, sic). Su tarea consiste en confeccionar y enviar órdenes de trabajo, y mantener la base de datos actualizada, tareas que realizaba mal, por supuesto. Jamás colaboraba con otros o hacía nada que no fuera eso. Hacer diez de esas órdenes le insumía todo el día. 16:30 se dirige nuevamente al toilette para quitarse el maquillaje sacrílego de su rostro.
De vez en cuando, se juntaba con amigotas de igual calaña para almorzar. Menú favorito: pizza grasosa de algún delivery mugriento de microcentro. Al terminar, y para extinguir el olor a bodegón que dejaba con nauseas al resto de sus cohabitantes, pelaba tarrito de Impulse y echaba a diestra y siniestra, como para hacer se ese festival del asco una coronación inolvidable.
Es el turno de una ex-compañera de trabajo: Marilú. Su verdadero nombre es María Luisa, pero optó por este apelativo mas "canchero". Marilú tiene 40 y tantos que se evidencian en las arrugas de su rostro, pero a juzgar por su apariencia podriamos decir que se trata de una adolescente: flaca, muy flaca (25 kg mojada), de apariencia aniñada, pelo muy largo, flequillito, brochecitos de nena... pero lo que es peor, es que su cara es el calco de Humberto Tortonese (con el perdón de este último).
Marilú vive en un suburbio de la provincia, en dónde convive con su padre, italiano jubilado de la misma repartición que se dedica a la cría de gallinas y otros animales de granja. A juzgar por sus comentarios, su padre aún cree que si hija no es mayor de edad (contado por ella, le apaga el televisor a las 22:00 hs, repitiendo la frase "a dormir", "a dormir"). No la deja ir a cumpleaños o a otras reuniones, y si alguien llama a la casa preguntando por Marilú, el le corta gritándole "acá no vive ninguna puta que se llame así!".
Tema aparte: vestimenta. Botas de cuero hasta arriba de la rodilla, tipo paquita de Xuxa, minis super cortitas pero que no eran sexys sino patéticas dejando ver esas piernitas de canario, de colores extraños (azul eléctrico, por ej.) y remeritas y camisitas de nena o vieja, pero nunca lindas. Los accesorios todos baratos y demodé, mucho plástico y enchapado dorado.
De más está decir que jamás la rozó un hombre. Una vez que su padre se descompuso, se enamoró del ambulanciero y como descubrió que trabaja en una remisería, desde entonces llama y corta, porque nunca viaja a ningún lado. Ni siquiera sabe su nombre y le aterra cruzar unas palabras con él.
Para completar un poco el perfil, vean este dato: saca vacaciones una semana antes y una después del 21 de junio, día mas corto del año, ya que le da miedo llegar a la casa de noche (como si el resto de los días o la misma luz del día la fuera a poner a salvo). El tren es su transporte por excelencia, y si hay paro, entonces prescindirán de su presencia.
Primero debemos dotar a este personaje de un entorno, el cual va a hacer que entiendan gran parte de lo que les cuento a continuación. Se trata ni más ni menos de una de las reparticiones públicas más importantes de este país: el Ministerio de Economía. Claro, ella no trabaja en una de las direcciones más importantes, como puede ser finanzas, hacienda, tesorería o contaduría. Como no podía ser de otra manera, se trata de la que menos glamour tiene: servicios generales (intendencia).
Su horario es de 10 a 17 hs. Eso sí, a las 10 desayuna tecito con Express en su taza plástica. 10:30 se dirige al toilette en donde se maquilla (ya que su padre no le permite salir de su casa maquillada, sic). Su tarea consiste en confeccionar y enviar órdenes de trabajo, y mantener la base de datos actualizada, tareas que realizaba mal, por supuesto. Jamás colaboraba con otros o hacía nada que no fuera eso. Hacer diez de esas órdenes le insumía todo el día. 16:30 se dirige nuevamente al toilette para quitarse el maquillaje sacrílego de su rostro.
De vez en cuando, se juntaba con amigotas de igual calaña para almorzar. Menú favorito: pizza grasosa de algún delivery mugriento de microcentro. Al terminar, y para extinguir el olor a bodegón que dejaba con nauseas al resto de sus cohabitantes, pelaba tarrito de Impulse y echaba a diestra y siniestra, como para hacer se ese festival del asco una coronación inolvidable.
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